"Fue entonces cuando su reloj despertador sonó, sintió deseos de lanzarlo lejos muy lejos donde esas treinta maldecidas alarmas no volvieran a sonar jamás. Pero se hacia tarde, se destapó bruscamente y saltó fuera de la cama HORA DE ENTRAR A LA DUCHA, que frío hacía esa mañana. Desayuno? No lo creo, no es necesario. Comenzaron el viaje, 10 min después tomó el metro, me bajo, tomó una micro, caminó unos cuantos pasos y CHAN! llegó.
A las 10:30 tenía recreo, era la hora más esperada. Todos se reunian cerca de la cancha a calentarce con el sol. Se bebía del buen café. Llegaban tres personas que alegraban el día. Uno alto, otro no tanto y una niña que es aún más bajita. Que personas más maravillosas, entre abrazos, besos y mucho amor uno olvida que a las 11 hay que entrar.
Una hora más tarde era hora de almorzar, 3 pisos más arriba estaba nuestro lugar preferido. Que tiempos aquellos, el más esperado de todo el día. Aunque solo mirara y nada entrara por mi boca.
TERMINO EL DÍA, vienes mañana?"
Fue entonces cuando la señorita que la atendía la tocó por el hombro para decirle que las fotos estaban listas. Entonces aterrizó y descubrió que ese recuerdo había nacido durante el trayecto. Ese trayecto que la acompaño todo enero por las mañanas.
Queso.
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