martes, 23 de marzo de 2010

Anticipando un falso final.

Con extraña exactitud puedo adivinar que ocurrirá ese día.

La mañana será distinta, el desayuno estará aún más vomitivo que de costumbre, usaré una blusa, la corbata que parece calcetín y mi uniforme estará más uniformado que de costumbre. Llegaré quizás a la misma hora, quizás más tarde y no correré, quiero determe esa mañana a ver el paisaje que ignoré durante dos años desde el primer fatídico día. Mi pequeña soltará mi mano en la misma escalera, besará mi mejilla y me deseará la mejor de las suertes. Subiré las escaleras con el cansacio acostumbrado y al dar el ultimo respiro para el ultimo escalon la atmosfera aplastará mis ganas de solo vivir ese día.

Caras tristes por aqui, caras tristes por alla, inutiles llantos anticipados, gémidos exigiendo algo que les pertenece a ellos. Toco el timbre, Pato Miranda y su fiel megafono ( que se convirtió en su amor plátonico con el transcurso del tiempo) nos obligará a bajar. ¡UNA SOLA FILA POR FAVOR! ordenaditos, peinaditos, perfumaditos, con sus piochas dispuestos a partir sin olvidar la tristeza acumulada.

Nos sentaran en un lugar especial, todos alineados, por orden alfabético. Las niñas lloran, los niños duermen, los profesores hablan, los recuerdos regresan, prendemos una vela para luego apagarlas y originar un tsunami de lágrimas y decir ¡ Debí aprovechar el colegio! ¡ Siempre los odie, pero las extrañaré de todos modos! ¡ Fuimos y seremos la mejor generación del colegio! ¡ CURSO: Los extrañaré mucho! palabras al aire que solo lastiman mis oídos.

En un rincón solitario, entre tanto ajetreo me encontraré. Aislada de todo sentimiento posible que me cause la situación. En medio de llantos, gritos, declaraciones, abrazos y nostalgia. Mi indeferencia dolerá y cuando llegé el momento de hablar sin pensar mis labios articularan malvadas palabras: Salí del colegio a los 15 años y 364 días, no porque sea inteligente, no porque sea superdotada, no porque me crea un poco más que el resto sino que fue en ese momento que el destino cortó mis alas para siempre, que deje de ir al colegio por gusto y solo iba porque era mi responsabilidad. Deje de estudiar para demostrarle a mis Tías que podía, solo lo hacía porque era mi deber. Deje de sentir que estaba en familia y que solo eramos un monton de gente mal revuelta y que lo peor de todo es que estaba OBLIGADA a solo convivir con personas que conocieron al Queso personaje y no al Queso lacteo.

Y es así como yo predigo mi futuro, no mirando mis manos ni tarot ni estrellas. Ninguna divinidad intervinió en el destino ni Aláh ni Buda ni Abrahaman ni Jonh Smith ni JesucristoSuperestrella. Es solo que, ahora solo SOBREvivo y no vivo y eso originará este Falso Final.

Cheese tarotista o-ó

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